Tenía nueve años.
Una casa llena de sonrisas, globos invisibles y emoción contenida.
Todos esperaban a la nueva estrella de la familia.
Y yo… yo no sabía dónde meter lo que sentía.
Alegría, sí.
Emoción, sí.
Duda, también.
Y miedo.
Y rabia.
Y más miedo.
Porque cuando nace un hermano…
también nace un nuevo tú.
Uno que no conocías.
Uno al que nadie te presentó.
«Vas a ser la hermana mayor.»
Lo dicen como si fuera un premio.
Y quizá lo es.
Pero también lo sientes como una carga, es una losa si no se entiende.
Una mochila llena de responsabilidades que nadie explica.
La vi. Pequeña. Dulce. Indefensa.
Y pensé: ¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer?
Pues hice lo que sabía, sobre todo hice lo que creía que era lo correcto.
Cuidé.
Acompañé.
Me puse la capa de hermana responsable… aunque por dentro temblaba.
¿Y mis emociones?
Guardadas…aunque luego salieron por el cuerpo claro.
Apartadas… como los juguetes de una etapa que terminó de golpe.
Sufres… cuando amas y rechazas a la vez a la misma persona.
Sufres…cuando quieres que las cosas sean de otra forma que no son.
«Amaba a mi hermana… pero sentía una responsabilidad que
no era mía»
Sentimientos agridulces, sentimientos encontrados.
Y eso, nadie te enseña a gestionarlo.
Crecí con ella pegada a mi mano.
Yo en plena adolescencia,
ella en plena niñez.

Ella necesitándome…
y yo intentando no necesitar tanto espacio.
No fui su hermana.
Fui su sombra protectora.
Su refugio…
Su madre a tiempo parcial.
Un rol prestado que dolía.
Que me alejaba de mí.
Nadie me lo impuso,
yo sola lo decidí inconscientemente
porque crees que si cumples …nunca dejarán de quererte.
Hasta que un día lo entendí.
Ella no vino a quitarme nada.
Ella solo vino a SER.
Y yo también tenía que SER… su hermana, no su madre.

Cuando solté ese rol…después de muchos años…
cuando la miré como igual y no como se esperaba…
el amor se volvió sano.
Y el vínculo, sagrado.
Hoy se que si no atiendes lo que sientes, el cuerpo lo gritará en otro momento, en forma de enfermedad o de comportamiento.
También sé que un hermano es una bendición…si lo amas desde el lugar correcto.
Pero sobre todo se que una hermana no es una madre, ni un marido es un hijo, ni un hijo un padre…. cada uno tiene su papel y no se pueden invertir.
Así que hoy puedo decirle a esa niña que vino a poner patas arriba mi vida…:
Gracias, “simana” por elegir esta familia para nacer.
Por enseñarme a amar sin confundir.
Por mostrarme que los lazos más fuertes no siempre aprietan…
a veces, simplemente, recolocan.
Gracias por hacerme ver que los roles han de estar bien colocados
Y que a cada uno se le ama de una forma distinta.
Padre, madre, hermano, hermana, marido, hija, hijo… amiga …tengo tantos amores como personas en mi vida
y cada uno es único e irrepetible
y visto desde el lugar que toca se vuelve ESPECIAL, se vuelve SAGRADO.
Ahora se que mi amor por ellos es mas grande que cualquier miedo.
….Dedicado a mi PRECIOSA HERMANITA que ya no es pequeña, ….gracias por tu mano en el silencio de mi temerosa noche…..T♥

🖋️ Eva Rojo
Enfermera y terapeuta integrativa
Gracias por leerme.
Si mi historia te resonó… es que algo está listo para cambiar en ti, o en quien amas.
Te escucho donde duele, para que sanes donde empieza.