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Tenía solo 15 años cuando me dijeron por primera vez: “Lo tuyo son migrañas tensionales, es hereditario”.

Así, sin anestesia. Como una sentencia.

Mi madre, que también las sufría desde hacía años, lo entendió en silencio… y con resignación. Si a ella no le habían podido ayudar, ¿qué iban a hacer conmigo?

Pero fue precisamente su amor el que encendió la búsqueda. Si la medicina convencional no le había dado respuestas, entonces había que mirar más allá. Y así, llegamos por primera vez a una consulta de homeopatía. Fue mi primer contacto tímido con lo que hoy llaman “terapias alternativas”. A mí me gusta llamarlas complementarias, necesarias, humanas.

Y sí, empecé a mejorar. Pero las crisis no se iban del todo. Ahora lo sé: me faltaba algo clave. Me faltaba entender.

💭 Porque si no entiendes lo que te sucede… no puedes transformar lo que crees.

Durante años viví atrapada en ese diagnóstico. Me trataban el dolor, pero nadie me preguntaba qué me dolía de verdad. Nadie miraba lo que yo callaba.

Y el cuerpo… el cuerpo no olvida.

Por eso, cuando descubrí las Flores de Bach, todo cambió. Empecé a comprender que una migraña podía venir de un pensamiento que no cesa, de una tristeza acumulada, de una exigencia constante, de un miedo a fallar…

No era solo un dolor de cabeza. Era una conversación no resuelta dentro de mí.

Las flores no enmascaran. No silencian. Acompañan. Sostienen. Equilibran.

Mimulus, Impatiens, White Chestnut… cada una es un abrazo diferente para una emoción concreta.

En consulta, cuando llega alguien con un historial de migrañas crónicas, no me fijo solo en sus síntomas. Escucho su historia. Porque no hay dos dolores iguales, aunque duelan en el mismo sitio.

Hoy sé que no se trata de “curar” la migraña.

Se trata de entender el mensaje que te lanza el cuerpo… y responderle con respeto.

Si tú también has sentido que tu cabeza no aguanta más, que el dolor aparece justo cuando ya no puedes con todo… tal vez no sea solo físico.

Tal vez haya algo que quiera ser escuchado desde otro lugar.

Y quizás, solo quizás… una flor tenga la respuesta.

Gracias por leerme. Si mi historia te resonó… es que algo está listo para cambiar en ti, o en quien amas.

Te escucho donde duele, para que sanes donde empieza.

🖋️ Eva Rojo

Enfermera y terapeuta integrativa